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5.1.10

Una cabalgata montielera

Sábado 2 de enero, me levanté a las 5 de la mañana. Tomamos unos mates con Pancho y Azulejo antes de que salga el sol, ensillamos y con el sol ya afuera partimos al tranquito rumbo al punto de encuentro. Pancho quedó descansando y recuperándose del choque que sufrió el 31 a la tarde en la ruta.















30.12.09

Uno sólo

Ayer lo sentí por primera vez: con Azulejo fuimos uno.

Esta es una vista de 360° desde el centro del hipódromo de Concepción del Uruguay.




Luego sobrevino una lluvia liberadora y hermosa, tan intensa que nos obligó a guarecernos bajo un alero de las tribunas y esperar un buen rato hasta que amaine. No sé cuánto tiempo pasó, absortos con Azulejo en una meditación circular bajo el repiqueteo de las gotas y la ventolina que mojaba.

Cuando se despejó salimos para regresar y Pancho, que nos acompaña siempre en las cabalgatas, había desaparecido. Recorrimos los alrededores y no lo encontramos. Nos volvimos a casa. Regresé al hipódromo en auto para reanudar la búsqueda y tampoco apareció. Zozobra.

Cuando volví a casa más tarde, pasada la medianoche, mientras abría el portón con una sensación de vacío por la ausencia de la imagen de Pancho, apareció de la nada.

Seguimos felices como entonces.

22.12.09

Lo primero que hago

siento frescura justo en la película
delgada que separa mi piel
de la sábana desprolija y sucia

miro la ventana y se mueve
la cortina suavemente y deja ver
la figura aún indefinida de azulejo

los ladridos de pancho se amplifican
y acaballan unos a otros como en fuga
contrapunto y tema bien floridos

la luz recién amanecida
viene blanqueando cada rincón
cada intersticio de mis ávidos sentires

huelgo en la cama despertando
mientras un eterno presente
se presenta hidalgo ante mi puerta

abro una vez más la humanidad
milenaria procesión de algarabía